Ella es de esa clase que puedes conocer en cualquier lugar donde haya alcohol cerca y
el humo de los cigarrillos confunde el rostro impersonal de los que los consumen.

Piensas que con ella todo será mejor, tus problemas no existen a su lado, sientes euforia.

Llegan las risas, que buena pareja haceis, no pide nada y te ofrece pasar a un mundo que está hecho a tu medida.

Te crees el amo del mundo mientras estás con ella, es la niña bonita de la noche y te hace sentir que vuelas, aunque en realidad te estás hundiendo en unas arenas movedizas de las que crees saldrás cuando quieras, pero ese día llega y ves que no es tan fácil, ya te tiene atrapado.

Te preguntas como podías vivir sin ella, porque tu vida ya no tiene sentido cuando no está contigo. Ya no sabes distinguir quien es tu verdadero yo, tu dependencia emocional te impide ver la realidad.

Y así sigues con ella hasta que abres los ojos o te los abren y ves que no está sólo contigo, que todo a sido un engaño, que el mundo que te hacia vivir es falso, que muchos pasaron antes por ello, que no eres especial para ella, sólo una muesca más de un revolver utilizado hasta la saciedad.

Entonces despiertas por la olor a mierda que te rodea y te das cuenta de que nunca te dió nada por nada,  cada día que estuviste con ella es un día que tiraste por el retrete.

Muchos no logran quitarse esa olor de encima nunca y acaban por extender su inmundicia a los que como ellos en su momento, no saben decir que no a vivir sin artificios, demasiado débiles para renunciar a afrontar sus propios miedos.