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Fué un viaje a tres complicado desde el principio pero enriquecedor.
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Desde el principio del camino los nubarrones asomaban y dejaban caer suaves gotas que no impedían seguir avanzando.
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El sol que nos iluminaba era tan grande que no daba tiempo a que la ropa se empapara, todo lo nuevo que encontrábamos en el trayecto nos compensaba de los sacrificios que debíamos hacer para seguir.........muchos.
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Conscientes de que eran necesarios, dejaban de serlo para convertirse en cambios obligatorios para la marcha.
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Y así seguimos la ruta conociendo lugares maravilosos, imborrables ya de nuestra memoria.
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Hasta que un día la tormenta nos acogió como huespédes y el sol dejó de visitarnos.
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Ese día la ropa se caló, nos llenamos de barro y vimos que no podíamos continuar en esas condiciones.
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No pudimos llegar a donde queríamos, a donde nuestros sueños si habían llegado.
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Y para muchos lo mejor era no haberlo intentado, pero se equivocan, salgo decepcionado de la aventura por no haber podido llegar al final, pero con un cúmulo de experiencias gratificantes que no podría comprar en ninguna tienda.
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Las sensaciones o las tienes personalmente o no sabes ni que existen por etéreas.