A mi ya me tocó el gordo una vez, bueno, debería de decir un cachas de dimensiones estratosféricas a base de comer pollo y gimnasio...pero gordo también.

Sucedió hace ya unos años atrás, en mi época del instituto. Yo debía tener unos 15 ó 16 años de ardientes ganas de aprender todo lo aprendible menos lo que nos enseñaban allí.

Una de las clases organizó un viaje de un par de días a Montpellier, en el sur de Francia, para un intercambio relacional con alumnos franceses. Se trataba de dedicar uno de los días íntegro al francés y el otro al castellano.

Cómo conseguí meterme en ese viaje es todavía un misterio insondable pues ni era mi clase ni tan siquiera estudiaba francés, es decir, estudiar nunca estudié nada ( niños no tomeís este vampiro como ejemplo de alumno ), pero asistía de tanto en tanto a clases de inglés.

El por qué me apunté si lo sé. Se llamaba Marta y era voluptuosamene intimidante para los pobres de espíritu. Con formas redondas donde debía y una larga cabellera rizada cual leona, su presencia imponía pero mucho, mucho. Este proyecto de vampirillo había conseguido que la susodicha quedara atrapada por mi sonrisa de pillo y mi toque de "echao pa'lante" ( eso me decía supongo que por justificar de alguna manera la atracción que yo, incomprensiblemente, le generaba ).

Así que aunque no tenía que estar en ese autocar, uno de los asientos llevaba mi nombre y entre una colección de adolescentes en su mayor parte abonados a la destrucción de espinillas rebeldes, partimos hacia la France.

Llegamos a una de esas residencias de estudiantes con literas y con dos pisos, el de abajo para los de las hormonas salidas y el de arriba para las alteradoras de esas hormonas.

Como eramos impares y al fin y al cabo yo era "el añadido" me ofrecí voluntario a estar sólo en una de las habitaciones.
Sólo respecto a los del grupo, porque allí estaba RAMBO.

Creo recordar que se llamaba Philipe y lo primero que le vi fueron las botas militares que ascendían por su pantalón de camuflaje. una vez llegado a su su pecho tuve que seguir ascendiendo con la mirada para verle la cara. Unas gafas de culo de botella le aportaban un toque de intelecto donde sólo se veía masa muscular.

Mi primera intención fué salir corriendo, pero su sonrisa me pareció noble y opté por hacerme fuerte en mis convicciones y no mostrar debilidad.

No lo volví a ver hasta la noche, en horario infantil porque no nos dejaron llegar demasiado tarde a la residencia de marras. El día había pasado muy divertido mientras les explicaba a los franceses, todo a mi manera, que yo era un infiltrado y que me daba absolutamente igual practicar o no el francés. Me reí mucho, y hasta creo que alguna francesita podía haber sido víctima de mis mordiscos....pero yo no estaba por la labor, la leona me aguardaba en la jaula del piso de arriba.

Y esa fué otra.

Porque las chicas ( siempre más precoces ) habían comprado dos botellas de alcohol para montarse su particular fiestecita. Mientras que en mi grupo hablaban de jugar a cosas que sonaban a niñez e inmadurez. Tenía claro que debía buscar la manera de acceder al piso de arriba saltándome los controles y desde los lavabos encontré la solución. Una escalera salía desde el patio al piso de arriba, sólo tenía que esperar a que alguna de ellas me abriera desde dentro. Y así lo hice.

Os puedo asegurar que era como sentirme en un harén. No se cuantas chicas había en pijama, pero eran bastantes. Una botella de ginebra barata, fanta de limón y sin hielo eran el condimento a su alegría ya de por sí muy explícita. Pronto me uní a esos cubatas peleones entre risas por la situación. Como los ruidos fueron en aumento tuvimos visita de una de las profes, pero aquel día descubrí que tenía gran facilidad para meterme debajo de una cama en centésimas de segundo.

Al rato de estar ejerciendo de marajá fuí a buscar ayuda a mis juguetones compañeros de viaje por aquello de poder prestar más atención a ese peazo de mujer que me esperaba.

Hice la ruta inversa pero tuve un éxito relativo, sólo uno de ellos decidió dejar sus juegos para subir conmigo ( Toni ). Recordé que tenía a "no me siento las piernas" en mi habitación y fuí a buscarlo para invitarle a una guerra más agradable que las que a él le gustaba participar. Y vino.

A la mañana siguiente yo ya no era el mismo. Tenía un satélite a mi lado que me veneraba por mi audacia de la noche anterior ( el nacional ) y un guardaespaldas más parecido a mi madre por sus funciones que no por lo que me protegía ( Philipe ).

Después de levantarnos fuimos a por el desayuno. Un poquito de pan semi duro con mermelada asquerosa. Pero Rambo, con su español macarrónico me dijo, "no comas" y me llevó a la habitación.

Sacó unas fiambreras de su bolsa y disfruté de un almuerzo que me supo a gloria divina con pechuguitas de pollo rebozada,patatas, y no recuerdo que más. Pero no acabó ahí su labor humanitaria conmigo.

Yo no había puesto mucho esmero en hacerme la cama, pero carajo, estaba hecha !! Fué verla mi compinche y deshacérmela toda " así no dormir bien". Y se puso a trabajar en ella. Yo ceo que sacó una plancha y todo por lo bien que la dejó.

Repetimos noche de pijamas y chicas.....repetimos ginebra barata....y repetimos desayuno .

La vuelta fué un volver a la realidad. Con el recuerdo de su único y último abrazo. Creo que hicieron una fotografía que nunca llegué a ver de ese momento, aunque mi presencia quedaba ahogada entre sus enormes brazos de enorme humanidad.

Hice un amigo de dos días, pero nunca más supe de él.

Me tocó el gordo.