Cuando era un chavalín, los de mi generación nos las inventábamos todas para poder ver las bragas de alguna chica.

Bragas de las que tapaban hasta las rodillas, que eso del tanga llegó bastante más tarde.

Conseguirlo era como ganar una batalla, todo pura inocencia pues ya digo que ver, lo que se dice ver, veíamos bien poco, pero la curiosidad nos podía.

Las niñas no llevaban escotes, no era procedente y tener teta era casi un defecto, pues pasaban menos desapercibidas y eran el blanco de los comentarios de los niños, alucinados por las redondeces que se intuian y por las otras niñas, ciertamente envidiosas con lo que todavía no tenían.

Tocar una no era sólo ganar la guerra, sinó casi un milagro como el de los panes y los peces, entre la inocencia nuestra y su absoluto pudor.

Y hablo de tocar por encima de sujetador, jersey , camisa y lo que fuera, que piel.....bueno, eso sólo estaba al alcance de osados aventureros dispuestos a recibir un tortazo inolvidable.
Eso trajo consigo que mi niñez la dedicara basicamente a jugar y me olvidara de tonterías que hacen muchos niños de hoy en día por querer crecer antes de tiempo..

Nos gustaban las niñas como al que más, nos inquietaba el sexo por supuesto, pero prevalecía el juego, la charla, el salir a la calle a juguetear por encima de todo.

Todo esto me ha venido a la cabeza hoy dando una vuelta por mi ciudad, porque sin ningún tipo de esfuerzo ni voluntad he podido ver toda una colección de tangas, braguitas, escotes y culos ( porque es realmente exagerado en algunos casos lo poco que ocultan sus redondeces !!! ) en chiquillas que rondaban los 10 a 12 años.

Seguramente los niños de hoy van mejor servidos en cuanto a mirar, pero no les cambio su época, lo que para ellos es algo diario, era todo un tesoro para nosotros y ya se sabe que los tesoros te dan una riqueza que en lo que es habitual no valoras.

Creo que cada etapa tiene su momento y la de la niñez debe de tener mucho de juego y menos de guiños al sexo.