Hacía tiempo que no me pasaba nada en el tren digno de reseñar......hasta hoy.

Como había bastante gente, nos hemos quedado muchos de pie por los pasillos, con lo que la opción de leer casi se puede decir que se pierde por la incomodidad y la distracción se queda en escuchar música o en fijarse en las demás personas.

He tenido suerte,.... como nó direis,....., porque me ha tocado un espectáculo de primera.

Un chico de descripción fácil ( gordito, con restos de adolescencia en su cara a golpe de espinilla, gafas y juventud veinteañera en su manera de vestir ) roncaba de manera exagerada !!

Ver gente durmiendo es algo muy habitual, incluso oir leves ronquidos, pero estos eran bastante exagerados y se ha convertido en el centro de atención para muchos viajeros.

Un momento bien divertido ha sido cuando en un gesto reflejo debido a un picor, se ha golpeado las gafas con la mano al querer rascarse. Se le han quedado medio colgando ante la sonrisa de todos y la pena porque parecía haberse despertado ( temiamos que la distracción hubiera terminado ). Se ha recolocado las gafas y ante la alegría muda de los presentes ha seguido su dormida.

Al principio estaba apoyado en dirección a la ventana, pero en un cambio de tercio ha inclinado su cabeza hacia el otro lado, amenzando con apoyarse en el hombro de una chica que se lo miraba de reojo y con cierto temor.

Al chico le vencía la gravedad y cada vez estaba más cerca de la almohada femenina a la que su instinto le atraía.

Las miradas y sonrisas cómplices, entre nosotros, los afortunados espectadores, eran reflejo claro de que por una vez y sin que sirva de precedente, habíamos tenido suerte por quedarnos de pie.

La apuesta virtual era saber si aparecería un poco de babilla por su boca abierta antes de caer en el hombro o al inrevés.

Todo esto pasaba mientras su poderoso rugir seguía martilleando a los que no llevábamos los auriculares puestos en esos momentos.

Ha habido un momento en el que la sufridora joven, que veía invadir su espacio vital con la lenta pero inexorable bajada de una cabeza humana nada conocida, lo ha pasado realmente mal por la situación.

Afortunadamente para ella, una parada ciertamente brusca al llegar a una estación, ha sido el despertador que nos ha privado de ver si baba o cabeza llegaban a destino y en que orden.

No me he quedado dormido nunca en el tren, después de lo de hoy dudo que lo haga jamás.......voluntariamente.