Tras unos segundos de reflexión en silencio, me decidí a actuar.

Lo primero que hice fué arrastrar el pié con un rápido movimiento para chocar con el suyo como sin querer.
El por qué de este gesto tenía una explicación, al tocarle con mi pié me disculpe inmediatamente y su respuesta a esa pequeña torpeza, de simpatía-comprensión o de estupidez-prepotencia me daría la clave de mi siguiente movimiento.

Si se hubiera comportado de manera borde, hubiera pasado de avisos y simplememente.....ya se lo encontraría.

Por suerte, mi disculpa acompañada de una sonrisa tuvo respuesta en un gesto inequivocamente simpático.

Se me escapó un guiño de aprobación y continué con mis pensamientos.

Ahora llegaba la parte difícil, el aviso.

Como siempre llevo una pequeña libreta para apuntar mis cosas en ella, se me ocurrió que no había manera más discreta que escribirle lo que ocurría.

Así que me puse manos a la obra y redacté una pequeña nota.

L: Perdona, te importa leer esto ? ( Sabía que la curiosidad le podría como nos hubiera ocurrido a casi todos )

Sra. Etiqueta : ( Con cara de cierta extrañeza ) Si, claro, que es ?

L: Sólo leela....

La nota : Llevas una blusa muy bonita, pero te has dejado la etiqueta puesta, a mi no me importa, pero quizás a ti sí.

Al momento se palpó con la mano y pudo notar el cartón duro de la molesta etiqueta colgando.

Cuando lo hizo, me dedicó una sonrisa cómplice y vocalizando mucho para que la entendiera, pero sin usar la voz, me dijo "MUCHAS GRACIAS".

Se puso el blazer de nuevo para evitar alguna mirada inoportuna sobre la dichosa etiqueta, me puse los auriculares en mis orejas y el viaje siguió plácido.

Cuando me levanté para salir volvió a decirme de manera muda "GRACIAS", me dedicó una sonrisa y dijo "adiós" esta vez sí en voz alta.

Desde entonces no me la he vuelto a encontrar, ni me importa, pero es fácil pensar que se acuerda de mí alguna que otra vez cuando va a estrenar una pieza nueva y tiene que sacarle la etiqueta.