Mañana de retrasos en la llegada del tren.

Hay cierta acumulación de gente y ya me olvido de antemano de la posibilidad de tomar asiento.

Al entrar, me dejo de luchas innecesarias y aprovecho mi dilatada experiencia en viajes de tren llenos, para tomar una buena posición que me permita tener un viaje lo más plácido posible dadas las circunstancias.

Tengo suerte, cuatro mujeres de avanzada edad me amenizan el viaje con una conversación de lo más interesante sobre artículos de limpieza y derivados.

En la siguiente estación, con la llegada de más gente, los espacios se reducen , hasta el instante en el que noto una opresión en mi espalda.

Dos poderosos airbags de serie me presionan irremediablemente, pues no le es posible al pedazo de germánica que tengo detrás tomar otra posición.

Mientras mis encantadoras viejitas pasan al tema de los trucos de cocina y sus recetas, el paso de las diferentes estaciones no hace sinó acrecentar la presión de ese poderío teutón ( ahora entiendo el porque de tetón, perdón teutón !!!!! )sobre mis omoplatos.

Soy afortunado, posiblemente soy la única persona en el vagón con espacio para mover sus pies, eso sí, solo hacia atrás aprovechando el espacio generado por los descomunales extra size de mi compañera de viaje.

Por fín, el ruido de las puertas abriéndose y el lento desalojo del tren.

Trayecto acabado y yo sin saber como se acababan de hacer esos calamares rellenos...............